jueves, 28 de mayo de 2009

otoño 1

siete de la tarde
un celeste que se apaga
me ofrece las silueta de los árboles.

pájaros dormidos:
plumas y cabecitas
aguardan el calor de la mañana

adentro

lo blanco de la luz
se come el espejo con piedritas
me hace girar la cabeza.

qué viene ?
por qué voy ?

veo:
manito en nariz,
sonrisa perdurable que nunca se opacó !

no hay nubes,
los arboles siguen ahí,

yo sigo aquí

busco la silueta
yendo hacia el espejo
con la mano en la nariz.

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